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| Fotograma de El sueño eterno (1946) |
Por Esperanza Goiri
“Desde el taxi, y haciendo un exceso, me tiró dos besos… Uno por mejilla” (19 días y quinientas noches. Joaquín Sabina)
“La española cuando besa es que besa de verdad”. Al menos es lo que dice la racial y popular canción de Manolo Escobar. Hay muchos tipos de mujer como para hacer una afirmación tan categórica. Más bien creo que el cantante expresa un anhelo, que por otra parte tenemos todos, de recibir besos auténticos. Nadie quiere el de Judas; ya sabemos las fatales consecuencias que acarrea. Sin llegar a esos extremos de traición, lo cierto es que el significado del beso ha sufrido una evolución vertiginosa, al menos socialmente, que en mi opinión ha desvirtuado su esencia y lo ha banalizado por un uso excesivo. Tan mediático se ha vuelto que tiene hasta su propio día, el 13 de abril. Conmemora el ósculo más largo de la historia, 58 horas, protagonizado, en un certamen, por una pareja tailandesa. Solo de pensarlo se me abren las carnes. Los ladrones de besos también celebran el suyo, el 6 de julio.








