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Fascículos, cultura de kiosco


Por José María Ruiz


Mosaico de fascículos: El libro gordo de Petete
Mala hora me parta, si en este cuarto, habitación mía de dos metros y medio por dos metros y poco, que ni a tres metros llega (medida a ojo), más 300 cm. del suelo al techo, y ahí me aprovecho, uno viene a perder el control, el control de lo que acogen sus paredes… Mas esta alcoba, donde velo y hasta me desvelo, buenos sueños también se han dado (holganza aparte): viene a nutrirse de cientos y cientos de papeles, los mil sobrepasa (podría multiplicarse por dos o tres fácilmente). Añádanse algunos cientos más de vídeos y vinilos. ¿Hay alguna definición para todo ello, para la alcoba entera? Un desbarajuste ordenado.

Así la cabeza creía tener cada elemento en su sitio, pero hasta que fui a enumerar los 16 tomos de El Coyote, personaje dotado de antifaz para “desfacer entuertos”, héroe del Oeste que por terrenos de California, Monterrey y alguna incursión en Nuevo México cabalga. Nacido de la pluma de José Mallorquí —mal recordado por ser lectura de Francisco Franco, así lo certifica la película Espérame en el cielo, de Antonio Mercero—, cuando solo alcancé la cifra de quince. ¿Cómo podía ser? Faltaba un tomo, bien sabía que tamaña obra no había abandonado mi estancia, pero por más que los recontaba una y otra vez, la cifra siempre era la misma: quince.