Por José María Ruiz del Álamo
| Gafas olvidadas, Vladimir Kush |
El señor De Mantua vino desde el más allá. Atravesó el espejo, se aproximó a la mesa de la ruleta y con la punta de su bastón señaló el número 13. En ese momento cerré el ojo derecho. El uno y el tres se unieron en la pantalla del televisor. El síntoma aparecía de nuevo.
¿Quién puede olvidar la primera vez? Un inocente verano intentando cubrir el largo de la piscina buceando. Los ojos abiertos para no chocar con otro nadador, mientras el cloro bailaba sobre las pupilas. No logré el reto, aunque fueron muchos los metros avanzados.







