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Ensueño

Por José María Ruiz del Álamo


Fotograma de la película Recuerda (1945), de Alfred Hitchcock.
Quizá este hecho que voy a comentar sea definido como una peripecia, y sin embargo, apenas fue una sucesión de sensaciones, que, siendo extrañas se dibujan de la forma más natural. Ya fluye, ya se diluye, deparando una vivencia imposible de retener. La mente posee esta inconsistencia.

Todo devino de un estado de ánimo. No lo negaré, aquella noche me embargaba el sosiego. Una paz conquistada tras disfrutar de la belleza de una película, porque contemplar la versión completa de Fanny y Alexander me satisfizo; cinco horas y cuarto de pleno goce. La orquestación de Ingmar Bergman fue magistral. Salí feliz del cine.

Señales en el horizonte

Por Marisa Díez

Imagen del rayo verde en California. El Universo hoy.



Me pareció distinguir un destello de luz verde al final del atardecer, con el sol a punto de esconderse en el horizonte. Un instante nada más, pero el reflejo lo percibí a lo lejos mientras apartaba la vista de los últimos rayos de sol, que amenazaban con cegarme. Algo se removió en mi interior y sentí cómo una mano intangible se posaba sobre mi hombro y me decía que era necesario conservar la calma.

Días atrás, había tenido un sueño extraño durante la noche. Encontraba la casa de mi madre completamente en obras. Al llegar allí, como cada día, la puerta de la calle estaba abierta y, en la entrada, uno de los albañiles me impedía el acceso hasta que la reforma estuviese completamente terminada. No quedaba en pie nada más que el pasillo, porque el resto había quedado reducido a escombros. Tenían que volver a levantarlo todo de nuevo. El obrero, al que no conocía, me explicaba sin pestañear que cuando terminasen la obra, aquella casa no la reconocería nadie porque no tendría nada que ver con la anterior. Entonces me dirigí, asustada, a casa de mis vecinos, los de toda la vida, y pude comprobar con alivio, que allí todo seguía igual que siempre. Eran los únicos en todo el bloque que mantenían intacta su vivienda, porque los seis pisos restantes de los que consta el edificio habían cambiado de repente toda su fisonomía, resultándome completamente extraños. Me desperté sobresaltada y un poco aturdida, con una intensa sensación de angustia que me duró el resto del día.

Animales de costumbres

Por José María Ruiz


Ahí se encuentra la cama. Recién hecha, por fin (sí, uno es vago para ciertas tareas, y hasta que santa Bárbara…), toda estirada, sin arrugas, bien remetida la sábana y la manta, y cubiertas por el edredón. Parece mentira lo suave que está cuando te acuestas.

Atrás quedaron días de trepidante actividad. Un trajinar febril y escasas horas de sueño me habían dejado el cuerpo hecho polvo. Solo anhelaba dormir diez horas seguidas. ¡Qué gran dicha sería!