Por José María Ruiz del Álamo
Fotograma de El tercer hombre (1949), de Carol Reed.
Hemos dicho adiós al verano, las vacaciones han quedado atrás, ya estamos de vuelta (o quizá no), pero por lo general… Octubre se adivina, a finales de septiembre se edita esta entrada, y parece que nos han cambiado la hora; el reloj biológico se ha desequilibrado durante nuestro período de holganza, y uno, verdaderamente, no se siente igual. Tal estado de “ingravidez·” vino a definirlo un locutor de radio cuando le preguntaron cómo se encontraba: “recuperando la rutina” fue su respuesta.
La frase posee un punto atractivo, ya que aporta cierto carácter positivo a un concepto que venimos a definir negativamente, una especie de antagonismos que se complementan. Así se destaca el valor de lo cotidiano, lo monótono, lo repetitivo, lo aburrido. Esa constatación que eleva a los seres humanos a postularse como animales de costumbres, y quizá implica cierto acomodo.