Por Marisa Díez
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| Fotograma de Vacaciones en Roma |
Todas las personas, en algún momento de su existencia, deberían tener la posibilidad de disfrutar de un amor de verano. Cada año, durante mis días de relax en la playa y mientras observo —no sin cierta envidia malsana, lo reconozco—a esas pandillas de adolescentes entregadas al arte del flirteo, me recorre a menudo el mismo pensamiento: cuántos corazones rotos en unos pocos días…
Y sin embargo hay amores de verano que duran toda la vida. Conozco dos parejas que ahí siguen, bordeando la felicidad absoluta y desafiando el paso del tiempo después de qué sé yo cuántos años. Pero no es lo normal ni desde luego lo más lógico. Es bastante común que se conviertan en algo pasajero, y que, como su propio nombre indica, terminen al tachar el último día del calendario estival. Aunque en ese momento todavía no seas consciente de que su recuerdo, con algún altibajo, perdurará durante largo tiempo en tu memoria.









