Por Marisa Díez
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| Viñeta de El Roto para El País |
Desde niña fue consciente de pertenecer a una familia donde el compromiso con las causas que consideraban justas tenía valor de ley. Eran tiempos convulsos, recién enterrada la dictadura y con un país todavía enfrentado en dos bandos irreconciliables. Su mirada observadora se fijaba en el transcurrir de unos acontecimientos que no acertaba a comprender. Recuerda vagamente la imagen del padre, escuchando con avidez las noticias políticas de la época y aquellas extrañas reacciones ante unos hechos que ella todavía era incapaz de valorar. A sus escasos nueve años le costaba aceptar cómo alguien podía alegrarse de la muerte de un anciano, un abuelillo que a ella no le producía ninguna repulsa, más bien al contrario, sentía una auténtica tristeza al ver desfilar a tantas personas delante de su ataúd.
Poco a poco fue descubriendo historias familiares que le hicieron abrir los ojos. Tiene grabadas a fuego en su memoria las lágrimas de su padre cuando aquel partido ganó las elecciones. Y por eso, en estos últimos días, le ha vuelto a echar de menos como nunca.









