Por Esperanza Goiri
Calla Lillies (1941). Tamara de Lempicka
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Hace muchos años leí una novela cuyo título no recuerdo. Era una de esas narraciones inglesas decimonónicas que tanto me gustan. Su trama, muy típica: una mujer burguesa, sin medios propios, casada “in extremis” con un reverendo rural al que, por supuesto, no ama. Tras años de monotonía y frustración, queda viuda por un accidente. Podía haber sido su liberación, pero el autor no da tregua a la protagonista y esta contrae una enfermedad que la mantiene postrada en la cama sin más horizonte que esperar el final. Como compañía solo cuenta con el médico, una mujer del pueblo que la atiende y unos tíos mezquinos y despegados que van a verla únicamente por considerarlo una obligación cristiana. Como una pareja de cuervos negros y de mal agüero, la visitan con asiduidad para fiscalizar y controlar la intendencia y finanzas de la casa; para salvaguardar, lo máximo posible, las magras rentas que esperan heredar al ser los únicos parientes.








