En el avión que la traía de regreso a Madrid después de más de veinte años, Rosalía lucha a duras penas por controlar esa inexplicable sensación de ahogo que le pellizca el corazón. El miedo a enfrentarse con todo su pasado y las emociones contenidas durante semanas, le provocan un malestar que se manifiesta en un dolor explícito localizado en la boca del estómago. Se pregunta por qué razón había aceptado sin rechistar el regalo de su hija, sin darse cuenta de que probablemente no sería capaz de luchar, de golpe y en solitario, contra todos aquellos fantasmas que le habían atosigado durante años.









